El país en el que gobierno lucha arduamente por registrar efectivo adquirido
al precio que sea, las únicas noticias verdaderas son las estadísticas de
homicidios y enfermedades.
El país donde la clase trabajadora, debe soportar, pagar y hasta sangrar el
precio de los lujos y alimentos de los nobles diputados y todos aquellos que
tienen al compadre en la asamblea legislativa, se debe pagar hasta el último
centavo en el bus, apretones, moretones y golpes del transporte colectivo,
víctimas de asaltos, abusos, violaciones, violencias y hasta la muerte.
Cada año la cifra de muertes violentas es mayor, en los primeros 7 días de
enero ha superado el 63% en relación al año anterior, con ello se desvanece la
esperanza de un nuevo día de muchos pobladores.
Los sueños ya no son dulces son amargos para cada habitante que lee un periódico,
que ve un noticiero y que vive entre paredes marcadas por la mara que domina el
territorio y que cada semana se escuchan los disparos de armas, gritos, lágrimas,
sirenas de policías y con algo de suerte ambulancia.
Madres en zozobra por tener un hijo varón, pues las amenazas son a diario,
o se integran a las pandillas, les colaboran en sus actividades o les matan, al
final cobran venganza matando a alguien de la familia, como aviso que debe
participar con ellos y la noticia es cerrada con: tenían vínculos con las
pandillas.
En una conversación de entre amigos no puede faltar el tema de la desgracia
de los gobernantes pasados y actuales sobre la indignación de la dura realidad
para todo el pueblo que lucha por sobrevivir, todos se encuentran atemorizados,
criticando a las autoridades que han permitido el crecimiento de ese cáncer que
contaminado las venas de todo el país.
Si se invirtiera en el mejor
poder “EDUCACIÓN” que ha llevado a
la solución y desarrollo a muchos países, sería otro dato en la estadística.